UNA CARTA A LA DERIVA

Hay días en los que tu recuerdo me invade, así de repente, luego de meses de no pensar en ti. Pero esté día es como si todo me llegara de nuevo, todo el amor, toda la ilusión de lo que fue ese amor, y también toda la nostalgia, todo el vacío.
Muchas veces he querido escribirte, por cantidad de razones. Algunas que tenían que ver con mi vida y mis situaciones, y otras que tenían que ver contigo. En ocasiones hasta empecé a escribirte, así como lo hago hoy. Sin en realidad saber si estas letras algún día llegarán a ti. Si tendré el valor de enviarlas. Solo como desahogo, y no sabes cómo me ayuda plasmar todo lo que siento en un papel, bueno, en este caso mi página.

¿Sabes qué pasa? Que cuando cerré las puertas que me conducían a ti. Lo hice pensando que nunca las volvería abrir. No porque no te quisiera, no porque no me importes, ni porque no sintiera un dolor tan profundo que me traspasaba el alma ¡No! lo hice porque quería que tuvieras la oportunidad de ser feliz, de hacer una vida sin mí sombra. Es que cuando uno quiere a alguien con el alma, lo que más duele es sentir su infelicidad, su desconsuelo, su inconformidad ante una situación. Yo entendía eso muy bien ¿Cómo no comprender eso, ante un amor cuadripléjico?

Realmente, tomo toda la fuerza que había dentro de mi dejarte ir. Tomo el tener que desgarrarme el corazón con toda mi voluntad. Nunca sentí un dolor parecido. En ese instante sentí que moría, por lo menos una parte de mi si murió.

Pero ya sabes, la vida tenía que continuar y hay que poner la mejor cara. Lo único que me hacía sentir mejor, era pensar que tú estabas bien. Que vivías lo que querías vivir. Que había alguien que te estaba haciendo feliz. Tuve que luchar contra mi ego, contra mi deseo de poseerte, contra mi obstinada mente. Para lograr entender que aquella mujer había sido una bendición para tí, que te había llegado en el momento indicado. Que te había sacado de un lugar en el que tú y yo nos habíamos metido hace mucho tiempo  y del cual necesitábamos salir porque nos lastimábamos, aun amándonos profundamente. De esa forma, logre aceptarla, logre respetarla. Porque entendí su rol en tu vida.

Mensaje en una botella

El respeto y el amor es el que me detiene de buscarte, aunque no te olvide y te guardo en un lugar muy especial de mi corazón. Me alegra tanto pensar que puedes ser feliz, que tienes una vida en familia. Aunque eso me haga tan ajena a ti. No tengo ningún derecho ni deseo en invadir tu espacio. Por eso me mantengo distante. Aun extrañándote y queriéndote como te quiero.

Cuando recuerdo que somos eternos, que estamos viviendo experiencias previamente acordadas. Que las necesitamos para que enriquezca, evolucione y crezca el alma y el espíritu. Cuando pienso que nos volveremos a encontrar en el momento de espacio y tiempo que tenga que ser, porque todo es perfecto. Cuando pienso en todas las veces que nos hemos encontrado ya en está y en otras vidas, en otras dimensiones, en muchos sueños, en cuantas veces hemos sido todo, y nada. Ahí realizo que no te he perdido, que nunca te perderé.

“Ya está acordado, ya está hecho”

El tiempo es irrelevante para las almas. Por eso decido vivir lo que la vida me trae cada día, con intensidad y con pasión, viviendo en el presente. Porque solamente viviendo el presente llegare ahí, a ese momento, en el que tú y yo podamos volver a vernos para compartirnos todas nuestras vivencias terrenales, como los mejores amigos.

 

Desde el alma, tu amiga y aliada de la eternidad,

 

Vane Oro