La desconexión de un padre y los efectos secundarios en los niños

Cuando era niña solía encerrarme o disiparme luego de alguna reunión de padres de familia o evento social de la escuela donde siempre veía a otros niños con sus padres, estuviesen juntos o separados, pero siempre presentes en aquellos eventos, y me preguntaba ¿por qué ésa no puedo ser yo? ¿Por qué hay niños que pueden tener padres y otros que no? ¿Por qué mi padre no quiso estar conmigo? Preguntas que estoy segura todo niño en las mismas circunstancias se hace, independientemente de las causas que provocó el alejamiento, para quien en realidad son incomprensibles.

Creo que los adultos que en algún momento toman la decisión de alejarse de los hijos, no logran comprender la inmensa ansiedad y desconsuelo que siente un niño que ha sufrido abandono de alguno de sus padres. Aunque en algunos casos el abandono sea ‘involuntario’ y hasta ‘excusado’ por la misma sociedad dada algunas circunstancias, los daños y perjuicios para los niños son los mismos que si hubiese sido voluntario, un precio demasiado alto de pagar. Recordemos que los niños no saben ni entienden la forma de razonar de los adultos, especialmente cuando nos referimos a niños pequeños. Los niños sólo sienten, y el sentir de un niño no es nada superficial, ni algo que se deba tomar a la ligera.

Incluso si un niño por su corta edad no sabe lo que el abandono significa y todo lo que eso le traerá a su vida, para ese niño lo que su corazón dice es: “mi padre o mi madre se fue y no regreso” y punto. ¡De esa manera lo siente, de esa manera lo vive! No hay un razonar detrás de eso, sólo un sentir. Hay que entender que los niños se apegan demasiado a las personas con las que más tiempo pasan, como el papá y la mamá, además del vínculo karmático que ya tienen, lo cual lo hace mucho más difícil de superar.

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¿Recuerdas la primera vez que te enamoraste y luego cuando te rompieron el corazón? ¿Recuerdas cuantos años tenías? ¿Recuerdas con quien, como y cuando sucedió? ¡Lo más seguro es que sí! ¿Verdad? Bueno, ahora imagínate ese mismo sentimiento pero en el corazoncillo y la mente de un niño pequeño. Imagínate el dolor y la decepción. Porque el hecho de no volver a ver a un padre o una madre por un largo tiempo se convierte en la ‘primera vez que se le rompe el corazón a ese niño’. Los adultos aprendemos con los años a procesar los sentimientos y a superar las decepciones, pero un niño no sabe hacer eso. Sin embargo, la esencia y el sentimiento son las mismas; el dolor, la confusión, la decepción, la impotencia, están ahí palpables para ellos y lo peor es que no saben expresarlas y mucho menos procesarlas.

Para no ir muy lejos, les daré un ejemplo que conozco; dos niños pequeños, David de 5 años de edad y Daniel de 7 años. Ambos niños aman a su padre y hace muchos meses no lo ven. El padre viaja mucho y radica en una ciudad distinta a la de ellos. Las razones que el padre tiene para no poder ver a sus hijos son muchas, todas las que un adulto puede tener – falta de dinero, falta de trabajo, falta de tiempo – razones que no tienen nada que ver con aquellos niños. Pero ellos no lo saben, ni lo entienden. Lo que sucede dentro del corazón, mente y cuerpo de esos niños no lo podemos saber a ciencia cierta, pero de una u otra forma si se puede percibir y en algunos casos, ver. Por ejemplo; Daniel a veces tiene episodios donde se levanta en las noches con ataque de llanto y con miedo, luego se va corriendo a la cama de su madre en busca de consuelo. A David le pasan otras cosas; se molesta con mucha frecuencia, y ese enojo rápidamente se convierte en ataques de rabia, entonces empieza a darle golpes a todo aquello que encuentre a su paso. También suele suceder de repente sin razón aparente empieza a llorar con mucho sentimiento y asustado, como si presintiera que algo malo fuese a suceder. Quizás, alguna persona le puede parecer estas situaciones “normales”; quien sabe, ¡tal vez fue un mal sueño, o el niño está de mal humor! Pero en el caso de David y Daniel no es normal, ya que este patrón de conducta empezó a ocurrir justo luego de la separación con su padre.

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El trastorno que causa el sentirse abandonado por un padre o madre es un daño incalculable y sus efectos se notaran con más severidad a largo plazo, entre la adolescencia y la edad adulta, y de no ser tratado a tiempo se convertirá en un problema que se pasara a las próximas generaciones. Salir de ese trauma será una tarea muy ardua para la persona que conscientemente quiera trasmutar este daño. Requerirá de una gran voluntad propia, además de terapias, meditación, soporte familiar y de la pareja, cuidados y nutrición física, emocional y espiritual y ni hablar de todo lo que esto puede llegar a costar a nivel monetario. ¡Este proceso largo y en muchas ocasiones tedioso es un camino lleno de bloqueos emocionales, frustraciones amorosas, ilusiones fantasiosas, trastornos sexuales, desórdenes alimenticios y muchas otras cosas más!

Cuando un niño tiene una relación sana y próxima con sus padres, el niño crece con estabilidad emocional, sabiendo expresar sanamente sus sentimientos y emociones, diferenciando entre lo sano y lo nocivo de las relaciones, dándole el valor que se merece al cónyuge y al resto de las personas que le rodean, ya que el vínculo que lo une a la sociedad es el lazo que se creó inicialmente con sus padres que son las primeras persona con las que tuvo que socializar y de las que tuvo que aprender. Cuando el vínculo con alguno de sus padres se rompe, descompone o debilita, le genera una inestabilidad emocional que se convierte en una codependencia y baja autoestima que inconscientemente comenzara a reflejar por medio de comportamientos malsanos con las personas más cercanas con las que trate, y más adelante con sus relaciones amorosas, las cuales terminan convirtiéndose en relaciones auto-destructivas y viciosas.

Mi deseo con este artículo es que entendamos lo que significa para un niño no crecer cerca de sus padres y por consiguiente no poder crear este vínculo tan importante para su desarrollo social. En resumen, quiero crear conciencia del gran daño que esto les causa. Es cierto que en ocasiones suceden acontecimientos que se encuentran fuera de nuestro control y que nos impiden hacernos cargo de nuestras responsabilidades, como la de ayudar a criar a los niños que hemos traído al mundo. Pero es necesario que como adultos no seamos egoístas y usemos nuestro más elevado discernimiento. Recordemos que el ser padres no solo es una responsabilidad, también es posiblemente la misión más importante que tengamos por mucho tiempo. De verdad debemos preguntarnos ¿qué tanto de estas circunstancias que vivimos son inalterables? ¿Estamos pensando en las consecuencias que tienen las decisiones que tomamos, en la vida de los hijos? Si una separación es ineludible; ¿Cómo podemos disminuir al máximo en los pequeños el sentimiento de abandono o pérdida?

Personalmente, puedo decir que me ha tomado mucho tiempo procesar y superar muchas de las secuelas causadas por el abandono de un padre. Considero que con esfuerzo y con amor no es algo imposible de lograr. Agradezco a todas las personas que en el transcurso de mi vida me han ayudado en ese proceso, desde mi familia con su apoyo, hasta mis ex parejas que me han servido como espejos para ver muchas cosas en las que he tenido que trabajar para mejorar y por supuesto mis hijos que con su amor incondicional han curado muchas heridas. La vida te da siempre oportunidades de corregir los errores, ¡no las desperdicies! Te invito para que reflexionemos juntos en este tema. De los niños de hoy depende el mundo de mañana. Hagamos de ellos seres humanos sanos y amorosos.

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Toda acción tiene una reacción.

Toda causa tiene un efecto.

Todo desamor tiene un olvido.

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